El mimo y la niña mujer
Amanecía muy despacio. Una niña mujer había pasado toda la noche en un banco, sentada y tal vez llorando. Y pasó , que el mimo, puso su mano sobre la barbilla de la niña, levantando su cara poco a poco, le miró a sus ojos húmedos, movió después la cabeza de un lado a otro y parpadeó rápidamente cinco veces.
Sonrió con una sonrisa grande, como un girasol, movió sus manos y .., una flor roja y amarilla.
-¿Para mí?
Movió su cabeza y su sonrisa y extendió los brazos, dándole un beso de buenos días al sol, al mundo, a esa gente que empezaba a despertar.
-Es muy bonita, gracias.
-¡Como¡ ¿Quieres que vaya contigo? ¿Pero adonde iría yo?
Y con los ojos le dijo, con esos ojos que sabían hablar y se expresaban mejor que sus palabras, porque no había en él palabras, con los ojos de amanecer, el mimo le dijo a la niña mujer: Andar con el sol a las espaldas, prefiero los caminos de arena, tortuosos y no rectos, ir a , a todos los sitios, conocer gentes nuevas, costumbres diferentes, lugares .., lugares que todos los libros del mundo no sirvieran para explicarlos, hablar con todos los seres vivos sobre sus formas de vivir, de vestir, de comer, sobre sus tradiciones, sus enseñanzas, sus sabidurías, sus verdades, sus sentimientos, vivir con ellos el juego de la vida.
Nómada del mundo, de los caminos sembrados de una semilla con alma.
Un perro, una canción, mil amigos y el mundo y ¿tú?
Quiero conocer todo lo posible, ver las maravillas que ha hecho el hombre, porque hay tantas y tantas cosas, tantos pueblos encantadores, tantos cielos distintos que aunque sé que nunca los veré todos, es .., no sé.
Si quieres venir conmigo, ven, es ya muy tarde, pero aun sigue saliendo el sol.
La niña que llevaba dentro la mujer, se levantó, besó los pétalos de la flor roja y amarilla y la mujer y el mimo, cogidos de la mano, por el sol de una nueva primavera anduvieron sobre el manto de una vida nueva.
Sonrió con una sonrisa grande, como un girasol, movió sus manos y .., una flor roja y amarilla.
-¿Para mí?
Movió su cabeza y su sonrisa y extendió los brazos, dándole un beso de buenos días al sol, al mundo, a esa gente que empezaba a despertar.
-Es muy bonita, gracias.
-¡Como¡ ¿Quieres que vaya contigo? ¿Pero adonde iría yo?
Y con los ojos le dijo, con esos ojos que sabían hablar y se expresaban mejor que sus palabras, porque no había en él palabras, con los ojos de amanecer, el mimo le dijo a la niña mujer: Andar con el sol a las espaldas, prefiero los caminos de arena, tortuosos y no rectos, ir a , a todos los sitios, conocer gentes nuevas, costumbres diferentes, lugares .., lugares que todos los libros del mundo no sirvieran para explicarlos, hablar con todos los seres vivos sobre sus formas de vivir, de vestir, de comer, sobre sus tradiciones, sus enseñanzas, sus sabidurías, sus verdades, sus sentimientos, vivir con ellos el juego de la vida.
Nómada del mundo, de los caminos sembrados de una semilla con alma.
Un perro, una canción, mil amigos y el mundo y ¿tú?
Quiero conocer todo lo posible, ver las maravillas que ha hecho el hombre, porque hay tantas y tantas cosas, tantos pueblos encantadores, tantos cielos distintos que aunque sé que nunca los veré todos, es .., no sé.
Si quieres venir conmigo, ven, es ya muy tarde, pero aun sigue saliendo el sol.
La niña que llevaba dentro la mujer, se levantó, besó los pétalos de la flor roja y amarilla y la mujer y el mimo, cogidos de la mano, por el sol de una nueva primavera anduvieron sobre el manto de una vida nueva.
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